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Si recordamos el mito griego de Sísifo,  éste fue condenado a rodar eternamente una piedra por una colina empinada, desde su base. Sabed que con toda certeza fue mejor castigo que una condena a permanecer sentado mirando al vacío por siempre.

Y es que los tipos aburridos a menudo tienden a parecer poco alegres y felices. Y esto concuerda con investigaciones de mis colegas acerca de la felicidad humana y su relación con nuestro nivel de actividad.

Las personas que se mantienen ocupadas, incluso con una actividad poco significativa, tienden a ser más felices que aquellos que no lo hacen. Hay múltiples estudios al respecto, pero recojo en este momento el de 2010 de la  Universidad de Chicago y la Universidad de Shanghai Jiatong publicado en Psychological Sience.

Los autores concluyen que el deseo de evitar el aburrimiento y la depresión asociada buscando una mayor actividad mejora la motivación de las personas. Y amigos, esto es una constante en psicología clínica.

De hecho estas ideas son claves en la terapia para la depresión. Un componente fundamental de toda terapia tendente a reducir el profundo desánimo que acompaña a los deprimidos está relacionado con la planificación de una serie de actividades a ser posible agradables. Es extraordinariamente importante para el psicólogo comprometer al paciente en una vida activa, manteniéndose especialmente ocupado. Y no es tarea sencilla, porque lo que más le complace al paciente deprimido es la inactividad y condolerse en su sobrevenido infortunio. Es preciso que en estadios depresivos el cerebro mantenga determinados niveles de actividad para hacer frente al leviatán de la depresión.

En la investigación que se publicó hace unos años se pidió a los voluntarios completar un formulario-encuesta y luego esperar 15 minutos hasta que que estuviera lista la siguiente. Se les dio a elegir a los participantes entregar la encuesta y esperar o bien caminar unos minutos y entregar la encuesta en una localización cercana, recibiendo en ambos casos un pequeño caramelo como obsequio. Con medidas apropiadas se concluyó que aquellos que prefirieron caminar para entregar su encuesta respondida se sentían más felices que los que no se movieron de su sitio y esperaron aburridos.

Según parece, si fuéramos capaces de idear un mecanismo que activara a la gente ociosa para participar en actividades no perjudiciales sería mucho mejor que mantenerse en un destructivo aburrimiento.

Así que amigos, tomad buena nota. Sobre todos aquellos que aspiran a alcanzar la inactividad absoluta o no hacer prácticamente nada; nuestra psicofisiología no responderá óptimamente en tal situación. Resignaos: para mantener un determinado nivel de felicidad deberemos estar razonablemente ocupados. ¿Eres una persona activa o todo lo contrario?

Alberto Bermejo

Psicólogo clínico

Gabinete de Psicología Eidos (Alicante)

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