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Teletrabajo… y vuelta a la oficina

Teletrabajo… y vuelta a la oficina

Esta pandemia de COVID19 (¿tuvimos que sufrir una pandemia para ello?) representó el gran impulso en cuanto a modernidad laboral En España y en el resto del mundo convidando a una gran parte de trabajadores a teletrabajar desde sus domicilios desde la primera declaración del estado de alerta y el confinamiento.

Los psicólogos ya hemos teletrabajado anteriormente. Recuerdo que en 2002 participé en Oviedo con otros colegas en una Mesa Redonda en la II Reunión anual de la Sociedad Española de la Psicología Clínica y de la Salud (SEPCyS). La mesa “Nuevas tecnologías, internet y psicología clínica” representaba una de las primeras iniciativas científicas en España sobre la eficacia de la terapia Online y las tecnologías informáticas aplicadas a la psicología clínica.

Hasta las fechas de confinamiento de 2020 muy pocos habían disfrutado de esta modalidad de trabajo en sus empresas y a la mayoría de los profesionales lo del teletrabajo sonaba algo tenebroso. Las empresas de este país, algo carpetovetánicas, prefieren ver a sus asalariados quemando las horas en las oficinas y lo de teletrabajar en casa no debía ser algo muy español. Y en estas que nos vimos, con la gangrena del COVID19, descubrimos que tecnológicamente el país estaba preparado para que media España enchufaran sus portátiles en casa, y ¡además la mayor parte de las empresas ya estaban haciendo planes para que sus trabajadores teletrabajaran!

No en vano, el teletrabajo representa grandes ventajas para la empresa: reducción de costes operativos y energéticos, no precisar alquilar espacios de trabajo, menos gastos en material y herramientas informáticas. Y probablemente menos jefes. Sin dejar de lado el avance que supone en todos los órdenes en materia de conciliación familiar.

Si bien sigue siendo una modalidad de trabajo sospechosa para muchas corporaciones, dado que no permite atar en corto al trabajador.

Con las vacunas estamos viendo la luz al final del túnel; pensamos que en cuestión de pocos meses el COVID19 habrá sido una pesadilla y volveremos a la plena normalidad (a mí no me gusta lo de la nueva normalidad que nos vende el establishment). Las empresas ya están invitando a sus empleados a volver a los centros de trabajo. Es muy probable, tú que me estás leyendo, que este mismo lunes ya hayas sido exhortado a volver a trabajar presencialmente. Sé que te habías acostumbrado a darle a la tecla de tu ordenador en casa, mientras consolabas los llantos de tus críos, te preparabas el café, ponías la lavadora o dejabas la comida en el fuego. ¡Y todo funcionaba, el trabajo salía adelante!. Ha sido una magnífica experiencia, ¿no?.

Pero, ¡ay!. Volvemos a las oficinas. Las compañías y empresas españolas más avanzadas promueven sistemas de trabajo, que combinan eficientemente presencialidad y teletrabajo. Aplaudo las empresas que aseveraron aquello de que “el teletrabajo ha venido para quedarse”, aunque ahora no se mente tanto. Y he de decir, como psicólogo, que es absolutamente razonable y representa la mejor opción para los profesionales combinar ambas modalidades.  ¿Queréis saber por qué?.

He estudiado profundamente esta cuestión y sus derivadas. Seguir trabajando exclusivamente conectados mediante un ordenador desvirtúa la comunicación humana. Es una manera artificial de conectar con el otro. Están muy bien las sesiones por zoom, pero siempre son más cálidas las reuniones presenciales, compartiendo sonrisas reales, sintiendo la piel del otro (cuando nos dejen besarnos o darnos la mano), discutiendo de trabajo en mesas contiguas y volviendo a sentir que formas parte de la organización.  Hay algunos estudios que apuntan a que un teletrabajo prolongado puede conllevar experiencias de desánimo o depresivas, aunque no me quiero extender en ello ahora.

Además, vamos a recuperar el mayor beneficio que aporta participar en equipos de trabajo: la implicación social. Somos personas y necesitamos a los demás. Trabajar siempre a solas con tu portátil no es saludable. Desarrollar un trabajo de forma participativa combinándolo con la posibilidad de interactuar socialmente con tus compañeros es una palanca de salud mental. Te sientes útil, parte del equipo. Ello se refleja positivamente en tu autoestima, es gratificante.

El teletrabajo a la larga nos puede volver algo perezosos y “la casa se nos puede caer encima”. Lamentablemente, los datos que manejo apuntan a que esta modalidad de trabajo ha ido acompañada de un mayor sedentarismo. Salir de casa para acudir a tu puesto de trabajo implica movimiento y ejercicio. Mucho más si acudes a tu trabajo andando o en bicicleta. Movernos un poco más cada día es fuente generadora de salud.

Tener la posibilidad de compartir un cierto grado de amistad con los compañeros de trabajo y quedar para tomar un café o compartir el almuerzo es otro elemento gratificante.

Además, tener la opción de abandonar el pijama o el chándal y ponernos algún traje o vestido decente representa otro ingrediente positivo para nuestra autoconfianza. Se acabaron las videoconferencias en calzoncillos trajeados de cintura para arriba. El desarrollo de este aspecto motivacional es importante.

Emocionalmente, conseguir diferenciar entre oficina y hogar conducirá a una reducción importante de estrés y representará una mejora de salud mental adicional.

¡Ánimo y fortaleza en esta nueva etapa, amigo lector!

Alberto Bermejo

Psicólogo clínico

Gabinete de Psicología Eidos (Alicante)

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El problema de la Psicología en España

El problema de la Psicología en España

Recientemente se ha publicado un un artículo en Infocop Online http://www.infocop.es/view_article.asp?id=17000&cat=47  reportando la escasez de psicólogos especialistas en el Sistema Nacional de Salud y los problemas derivados de lista de espera según informe publicado por la Fundación CIVIO.  De acuerdo con este trabajo, España es el país que presenta una mayor prevalencia en depresión en Europa por detrás de Grecia.  Presentando actualmente una nimia oferta de 5,14 psicólogos por cada 100.000 habitantes en el Sistema Público.

Definitivamente, los pacientes con diagnósticos de ansiedad o depresión han de acudir al psicólogo clínico privado para recibir tratamiento psicológico de calidad por sus problemas de salud mental, o bien acabar bajo el vasallaje de las soluciones psicofarmacológicas, no siempre las más apropiadas para problemas de índole psicosocial y trastornos adaptativos.

Conviene recordar que seguimos sufriendo una epidemia vírica de calado y que según El Colegio Oficial de Psicología de Madrid se estima que las peticiones de consulta en dicha comunidad han crecido hasta un 30%, datos que pueden ser extrapolables al resto de comunidades españolas.

Asimismo, la atención primaria  en el ámbito de la salud mental es de muy baja calidad. Los ciudadanos que precisan ayuda acuden preferentemente a su médico de familia quien normalmente no cuenta con las herramientas ni la formación adecuada para manejar estos problemas, por no señalar que tampoco dispondría del tiempo suficiente para escuchar a estos pacientes hablando sobre sus cuitas.

No olvidemos tampoco que la ansiedad representa el diagnóstico principal que los pacientes informan a su médico de cabecera, intentando obtener soluciones a sus problemas de angustia y dolor psicológico. Un informe del Ministerio de Sanidad de 2017 confirmaba que el 34,3% de las mujeres y el 17,8% de los hombres de 40 y más años han retirado al menos un envase de antidrepresivo, ansiolítico o hipnótico/sedante. El consumo de estos productos ha crecido hasta las 203 dosis diarias por cada 1000 habitantes, también en dicho año de 2017. Estos datos indicados de 2017 han sido publicados ha finales del año pasado. Nuestro Ministerio de Sanidad tampoco trabaja con gran rapidez en este tipo de publicaciones.

Estamos ante un problema grave de salud pública y nuestra profesión lamenta que la Psicología continúe siendo la cenicienta en las propuestas de atención sanitaria. Es lamentable haber escuchado recientemente como un diputado en el Pleno del Congreso preguntaba por la salud mental de los españoles y como respuesta un diputado de un partido político rival respondía “vete al médico”. Posteriormente este diputado respondón pidió disculpas por su desafortunada frase, pero en cualquier caso refleja el estado de la Psicología en España, que continúa situada a la zaga de la Medicina, cuando según diversos estudios e investigaciones, el tratamiento de determinados problemas de salud mental con tratamiento psicológico cognitivo-conductual sería más eficaz y menos costoso que mantener estos problemas en los pacientes periodificando la administración de psicofármacos.

En conclusión, España se encuentra entre los países más medicados del mundo, como refieren el Observatorio del Medicamento y la Federación Empresarial de Farmacéuticos Españoles (FEFE), que informan un incremento significativo en el consumo de psicofármacos.  Sé que nuestros políticos están muy ocupados actualmente en reducir la crisis generada por el COVID19, además de no dejar de tirarse trastos a la cabeza, pero estimo como psicólogo que si nuestros próceres realmente han accedido a la Política deberían mostrarse más proactivos para preservar el bien común (también el psicológico), indudablemente el fin principal que mueve a los profesionales de la cosa pública. Señores políticos, hagan algo por fin para mejorar la salud mental de los españoles.

Alberto Bermejo

Psicólogo clínico

Gabinete de Psicología Eidos (Alicante)

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CRISIS, What crisis? Breves consideraciones desde la psicología

CRISIS, What crisis? Breves consideraciones desde la psicología

Que nos adentramos en una crisis de importantes dimensiones nadie lo pone en duda. Las consecuencias derivadas de la crisis del coronavirus COVID19 repercutirán en la manera en que nos organizamos social y económicamente. Muchos de nuestros ciudadanos han perdido su empleo o pueden perderlo en próximos meses. Lo que ahora preocupa y mucho a todos es conocer cuándo saldremos de ésta; primero la salud, pero también nuestro modo de vida. No soy un experto economista, aunque sí tengo nociones sobre esta confusa disciplina, desde la cual difícilmente se puede pronosticar  o vaticinar nada importante y sin embargo es bien fácil explicar lo que pasa (en Economía) a toro pasado.

¿Qué podemos encontrar en común en la Psicología y la Economía?. Pues bastante. Incluso en la Psicología disponemos de un área de trabajo, cual es “Psicología Económica” como un buen ejemplo es este artículo del Colegio Oficial de Psicólogos de Cataluña. De hecho en 2002 un psicólogo experto, Daniel Kahneman,  obtuvo el Premio Nobel en Economía, por su contribución  a la comprensión de la respuesta humana ante situaciones de riesgo e incertidumbre relacionados con las financias y la economía.

Los humanos somos en general bastante más irracionales de lo que pensamos. Nos movemos a menudo en base a razonamientos emocionales.  La manera en que manejamos nuestros procesos cognitivos de percepción y evaluación del entorno, en el caso que nos ocupa, económico, es muy peculiar.  Un ejemplo: solemos asumir más riesgos para evitar perder algo, que para obtener una ganancia de esa misma cantidad; percibimos  la pérdida como mayor, que la misma ganancia, y no sólo en términos económicos, también en cuestión de roles, confort, privilegios, etc.

¿En qué erramos? En nuestra percepción del riesgo, la inevitable presencia de incertidumbre, no disponer de información fiable.  En suma, a menudo, tendemos a pensar de forma más emocional que racional. Esto es lo que prueban las distintas investigaciones que se realizan en el marco de esta moderna disciplina.

¿Qué consecuencias psicológicas puede acarrear una crisis económica?. En el Gabinete de Psicología EIDOS,  hemos recibido consultas de pacientes con trastornos de depresión, ansiedad, etc., que realmente escondían problemas relacionados con distintas situaciones de malestar ante distinas crisis a lo largo de los años. Hablamos de pérdidas de empleo, pérdidas económicas, cierres de empresa, etc. En estos casos han de calificarse normalmente estos problemas como trastornos de adaptación (no obstante habría que identificar cada caso), y no depresiones o trastornos de ansiedad en sí mismos. Bajo situaciones como las que vivimos las personas pueden desmoronarse psicológicamente: es inevitable que nuestra calidad de vida cambie (para todos) tras lo que estamos pasando; la “sociedad del bienestar” es un concepto más político y social que real en la esfera de los hombres (¿qué porcentaje de humanos en el mundo viven verdaderamente en un “estado del bienestar”?). En situaciones de crisis la rabia, la tristeza, el enfado, están a flor de piel; también los sentimientos de injusticia, las reacciones de pánico y angustia, los problemas de ajuste, los problemas interpersonales, la negación de la realidad, … son problemas que más presentan nuestros pacientes.

En estos días tan complicados es importante hacer valer nuestra capacidad de afrontar nuestros miedos; de ser capaces de demostrar agilidad, valentía, ingenio, para resolver los problemas económicos. Buscar información, fundamentalmente objetiva, para encontrar oportunidades; analizando concienzudamente los datos, evaluándolos siguiendo alguna estrategia de solución de problemas  (de mejora de empleo, de encontrar un nuevo trabajo, de trasladarnos a una nueva ciudad, para crear una empresa…), teniendo bien presente la recuperación del control de nuestra vida, y de nuestro autocontrol.

Con agudeza, con inteligencia y poniendo el interés necesario, conseguiremos salir adelante y aprovechar mejor nuestras oportunidades.

Alberto Bermejo

Psicólogo clínico

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El miedo

El miedo

Nos sentimos atenazados por el miedo. Ahora más, con el ataque del COVID19. El miedo ahoga la libertad. El miedo, en la forma de ansiedad, es asunto que a menudo los pacientes llevan a consulta. ¿Porqué tanto miedo al miedo?. A mis pacientes les explico la ansiedad como si una vieja amiga se tratara. Sin miedo no podríamos existir. Si leéis algunos apartados de mi Web, encontraréis que la biología humana (y no sólo) es deudora de los grandes miedos que filoetológicamente podemos reconocer:  el fuego,  la altura, los iguales, animales… (¡y sin embargo, no tenemos miedo a unos zapatos!). Sí; el miedo es una cuestión biológica, que se despliega psicológicamente.

Con mis pacientes abordo con frecuencia este tema, y mi pretensión principal es conseguir que lo aprendan a manejar. Hemos de superar el miedo a existir. El miedo es el gran monstruo de nuestros días. El miedo nos rodea. Es el gran ladrón de nuestro tiempo (todo ese tiempo que le dedicamos, rumiando mil y un peligros reales e imaginarios). Los verdaderamente libres han roto las cadenas que les ataban al miedo.

El miedo nos lo tomamos hasta en la sopa; se nos lanza desde el cine y la televisión. El Poder se encarga de recordarnos cada día que hemos de temer infortunios si nos alejamos de nuestro rol de ciudadanos apocados. Vivimos en entornos seguros, en paises (Europa Occidental) seguros, con una policía eficaz… y seguimos teniendo miedo del otro que camina junto a nosotros, también temeroso. Y en estos días de temor al contagio, aún más.  Nuestro día a día es un continium de sucesos, imaginarios, cuando en la mayoría de hogares reina una real tranquilidad. El consumo de psicofármacos ansiolíticos es disparatado, especialmente en España… ¿qué nos pasa?. ¿Por qué arruinamos nuestra vida de este modo?. ¿Porqué nos mantenemos en nuestro particular Síndrome de Evitación Experiencial?.

Ciertamente el Poder utiliza el miedo para manipularnos. Los ciudadanos temerosos se pliegan al dictado de los que mandan. El que se mueve no sale en la foto… dijo aquel.  Quería detenerme sobre todo en esta ocasión en los miedos que se nos imponen desde el Estado, desde la Televisión, el Cine, los Mass Media, y desde diversos manipuladores oteros…. Haced una revisión de todos ellos. El cavernícola se arriesgaba, y gracias a eso, somos lo que somos, porque experimentaban. Lo que hacen los medios hoy en dia es asustarnos tanto que no queremos ni experimentar, que seamos  ovejas.

Podemos ser conscientes del coronavirus, pero no debemos dejarnos vencer por el miedo a él. Hay una gran diferencia entre pánico y conciencia. Con conciencia asumimos una responsabilidad, de lo que hay que hacer y de lo que no. Siendo conscientes del problema sabemos qué debemos hacer para disminuir su propagación. Pero con el miedo, la cordura se pierde, disolvemos nuestra conciencia. Desde que el virus ha entrado en nuestra cultura mental se ha vuelto omnipresente; envueltos en su mundo, temblamos ante su temible poder.

Si piensas en el COVID19 constantemente, si lees demasiado al respecto puedes generar síntomas de ansiedad: dolores en el pecho, cefaleas, tensión, problemas gástricos, etc. Casi reproducir una especie de «contagio mental».  ¿Por qué nos obsesionamos tanto a nivel colectivo? El poder de la pandemia actual casi es equiparable al poder de nuestra imaginación. Debemos buscar momentos de desconexión, de leer un buen libro o disfrutar de una buena serie en TV, de hablar con nuestros amigos o con nuestra pareja.

Es el momento de armarse de coraje, buena salud y solidaridad. Nuestra generosidad de espíritu pensando en la supervivencia común. Aplicarnos formas creativas de lidiar con este estrés de cada día. Es el momento de reexaminar nuestra conciencia como especie, para hacer balance. Para revisar otros problemas que tenemos a nuestro alrededor: el cambio climático, la vigilancia, los derechos humanos, la asistencia sanitaria, la justicia y la pobreza. Tomar nuevas lecciones. Armándonos de paciencia, es el momento de cambiar a mejor.  Toca aprender, de lo que ahora está sucediendo a nuestro alrededor. ¿Estamos preparados?

Alberto Bermejo

Psicólogo clínico

Gabinete de Psicología Eidos (Alicante)

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Psicología: consejos para un confinamiento saludable

Psicología: consejos para un confinamiento saludable

Llevamos 14 días confinados bajo estado de alarma  atemorizados por el Coronavirus COVID19. A algunos de vosotros se os habrá hecho corto, a otros quizás más largo. Con nuestro estilo de vida mediterráneo se nos antoja difícil no poder salir a alguna pequeña celebración, tomar algún café con amigos, salir a hacer ejercicio por la montaña o la ciudad. ¡Cuánto echamos en falta todo lo que antes nos regalaba la vida cada día!. 

Culpan al contagio de COVID19 en países latinos a nuestro carácter, a salir, a darnos la mano, nos gusta acercarnos, abrazarnos, tocarnos,… que en el norte de Europa o en países asiáticos (como Corea o Japón) donde evitan tocarse, se enclaustran en sus casas, se saludan con un movimiento respetuoso;  si bien son una cultura higiénica, limpia, son ordenados, … yo he estado en Japón y no hay un papel en la calle; la basura que generas te la debes llevar a casa. Son un pueblo envidiable en este sentido.  

Cada cultura tiene su carácter, qué se le va a hacer. Nosotros somos quien somos y superaremos esta crisis más pronto que tarde, ya lo veréis.  

Estos días casi sin darme cuenta, me he encontrado revisando en TV una película y una serie sobre confinamientos… como si no tuviera yo bastante con el mío. Podría ser peor, que hay amigos míos que han decidido aprovechar su arresto domiciliario para ver películas como Contagio, Virus o Guerra Mundial Z… que hay que tener valor, con toda la caña que nos están dando los telediarios.

La semana pasada acabé La trinchera infinita, una excelente película protagonizada por el genial Antonio de la Torre y que recoge las vicisitudes de un republicano que se vio obligado a esconderse durante años en su propia casa huyendo de la represión franquista, basada en el libro Los Topos de Manuel Leguineche y Jesús Torbado. Esto si que eran confinamientos, y no lo nuestro, que en unas semanas lo levantamos.

Pero con lo que estoy gozando extraordinariamente es con una de mis series favoritas, que he decidido volver a verla al completo, disfrutando dos capítulos diarios: Doctor en Alaska (Northern Exposure), una serie de culto, sobre la que compartí recientemente en Facebook una escena deliciosa del capítulo 18 de la cuarta temporada, “Luces del Norte”. Qué serie maravillosa, un soplo de aire fresco, repleta de ternura, de personajes extraordinarios, de poesía y de belleza. Pues a su manera, la serie relata otro confinamiento, el de Joel Fleischman, un médico judío que se ve obligado a ejercer su profesión en un lugar remoto de Alaska, Cicely.  

Como Psicólogo clínico nosotros tenemos también algunas restricciones para el ejercicio profesional de la Psicología, pero contamos con recursos de Telepsicología para poder ofrecer nuestra ayuda y asesoramiento. En el Gabinete de Psicología EIDOS ofrecemos atención clínica y terapia Online y telefónica. Como experto en el comportamiento humano ya os trasladé en un artículo anterior información sobre la mejor manera de gestionar nuestras emociones. Dejo para este artículo hablar sobre recomendaciones para sobrellevar la cuarentena del mejor modo posible, de forma saludable, equilibrada y divertida.

CONSEJOS PARA UN CONFINAMIENTO SALUDABLE

Pongo en primer lugar y recomiendo, los recursos audiovisuales. Adoro leer y disfrutar las mejores series y películas en televisión, como comentaba arriba, y todo tipo de ofertas culturales. Soy un apasionado de los libros, la música, en todas sus expresiones y me fascina el arte y la fotografía. Desde la instauración del estado de alarma han llovido ofertas en TV para disfrutar todo tipo de recursos culturales, incluido películas de estreno y teatro. No tengo sitio para detallar toda oferta, pero es inmensa. Si hacéis búsquedas en Internet, encontraréis de todo. Es tiempo de revisar nuestra biblioteca y leer esos libros pendientes de lectura o relectura. Aprovecha para explorar tu capacidad de ser más creativo (escribir, pintar, componer música…). Imponeos una rutina dedicando al menos un par de horas al día a reforzar vuestra pasión por  la cultura. Además es una excepcional forma de aprender, imaginar otros mundos, dejarnos llevar por la fantasía y mantener en forma nuestra mente.

En segundo lugar, lo más importante. No es una contradicción. Lo he dejado en segundo lugar porque sé que algunos que me estáis leyendo consideraréis que no podéis realizarlo. ¡Pero estáis equivocados! Debemos fortalecer el vínculo social y emocional con nuestros seres queridos, y con nuestros amigos… ¡Conecta con los tuyos! y si somos superdotados emocionales, con contactos y conocidos.  Esta rutina es indispensable. Los psicólogos sabemos que en cualquier estudio sobre la felicidad el apoyo social es crucial, el tener buenos amigos y amar y sentirnos amados, es una obligación para no amargarnos la vida. Es tiempo para dedicar a nuestra pareja, fortalecer nuestra relación,  explorar nuestra sexualidad  y compartir más tiempo juntos las  labores del hogar y la crianza, compartiendo actividades divertidas también. Tiempo es también de pasarlos en familia.  Jugar con nuestros hijos, siendo los mejores padres y madres en este momento; escucharlos más. Comparte con tus mayores. Y si nuestra cuarentena la pasamos en solitario, echar mano de vuestra agenda y llamad todos los días a amigos y familiares, organizando videoconferencias, charlas y debates, o compartiendo juegos Online. Fundamental este cuidado social, que no nos sintamos solos en ningún momento. Atención, esta propuesta socioemocional tiene también una cara B para algunas personas, que no son felices en su relación de pareja (o familiar). Pongamos por caso, en Madrid uno de mis pacientes está viviendo una situación angustiosa en estos momentos. Hace meses, su infelicidad conyugal derivó en una infidelidad que por circunstancias fue conflictiva. Y en tiempo de confinamiento ha acabado gestionando dos rupturas sentimentales (con fuerte ansiedad), la de su amante (no fructificó la nueva relación) y la de la despechada esposa, que ha descubierto su doble vida, pero han de compartir confinamiento hasta que resuelvan su ruptura. Con dolor inmenso de ambos. Estas cuarentenas en relaciones vulnerables no son nada recomendables; pero sobre esto las autoridades sanitarias no se hacen ahora muchas preguntas ni ofrecen soluciones. 

No menos importante. Comprometerse en mantener una disciplina de trabajo o estudio, de varias horas cada día. Si trabajas o teletrabajas, lo tienes resuelto. La cuarentena no son vacaciones. Si no tienes trabajo, programa un curso en Internet, aprende o refuerza un segundo idioma, actualiza la información y documentación de tu empresa, establece una rutina de ayuda a tus hijos en sus estudios, colabora con algunos proyectos sociales vinculados al COVID19 o matricúlate en la Universidad. No hay que quedarse de brazos cruzados y debemos incorporar en casa una autodisciplina de estudio o trabajo: psicológicamente, precisamos esta programación.

Lo siguiente y también fundamental. Buscar tiempo para ocuparnos de nosotros mismos. Desde un punto de vista físico y psicológico; y también espiritual, si tienes una inclinación religiosa o mística. Este tiempo de nerviosismo y alteración distrae la necesidad, que olvidamos, de mirar dentro de nosotros. Las últimas investigaciones en Psicología aportan fundamentos científicos de mejora psicológica con ejercicios basados en Mindfullness; si tu problema es la ansiedad, realiza un entrenamiento en relajación o yoga; mantén contacto con tu psicólogo para ir aportando luz en aquellas áreas aún oscuras en tu vida o para recibir ayuda si la necesitas o echa mano de un buen libro de autoayuda. Valora por favor disponer de tiempo cada día para centrarlo en ti mismo. 

Un derivado de lo anterior es aplicarnos en mantener una programación de ejercicio o actividad física durante la semana. Yo lo realizo cada dos días, con mi hijo. Si conoces todas las posibilidades de un entrenamiento “indoor”, ¡fantástico!. Si no, tocará que recurras a tutoriales o videos en Internet para programarte tablas de ejercicios adecuados a tu edad y físico. Si además lo hacéis todos en casa, será más divertido. Si te gusta la música, el baile o el ejercicio rítmico puede ser una buena opción para vosotros.  El ejercicio reduce el estrés, mejora el funcionamiento de cuerpo y cerebro y nos hace sentir bien. Indispensable. No te quedes pegado al sofá o a la cama. 

Y haz mucho más de lo aquí sugerido, sonríe a todas horas, comparte el aplauso de las 20:00 horas con tus vecinos; cada cierto tiempo pasea por casa y asómate por la ventana o balcón para cuidar la vista; disfruta con la cocina y lleva una dieta sana y equilibrada permitiéndote algunos caprichos en fin de semana (para no perder las “buenas costumbres”) como abrir un buen vino; mantén buenos hábitos de higiene;  y cada día de cuarentena agradece el estar y sentirte vivo, en todos los sentidos, compartiendo tu felicidad con los que tienes al lado. 

#QuedateEnCasa  todos venceremos al #Coronavirus  

Alberto Bermejo 

Gabinete de Psicología EIDOS

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