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En Agosto de 2010 tuve ocasión de participar como psicólogo clínico en un interesante aunque corto debate en Televisión Española (Programa “La Mañana” de TVE, conducido por Mariló Montero) en el que defendí una posición crítica frente al mal denominado trastorno de depresión (o síndrome) postvacacional. El debate lo encontraréis (min. 10)  en:

 http://www.rtve.es/mediateca/videos/20100823/manana-1/857985.shtml

Han pasado muchos años, pero el tema siempre está de actualidad cuando cerramos el mes de agosto. Me parece oportuno compartir estas reflexiones con vosotros, que habéis finalizado vacaciones o estáis en trance de terminarlas con idea de quitar hierro a esta especie de “maldición” que ocupa columnas de periódicos todos los años.

Quede dicho de entrada que el mal llamado “síndrome postvacacional” no tiene consistencia clínica desde un punto de vista psicopatológico.  O dicho en román paladino: no existe.
Hablar de síndrome en Psicología Clínica o en Medicina, implica considerar un determinado cuadro clínico o conjunto de síntomas bien definido, contrastado, presentado por un determinado trastorno. Pues aunque bien es cierto que algunos de vosotros, y yo mismo, podemos padecer de vuelta de vacaciones de cierto malestar difuso, como dolor de cabeza, desánimo, irritabilidad, apatía, insomnio, tensión, nerviosismo… e incluso los más sensibles  algunos síntomas depresivos, ansiedad, náuseas, taquicardias, sensación de ahogo, problemas estomacales, etc., no hemos de convenir que se trate de un trastorno ad hoc, ni de enfermedad alguna, ni por supuesto “síndrome”; lo que podemos sufrir es únicamente un problema de estrés, y en casos con mayor complicación, un trastorno adaptativo.  Este sí está recogido como “psicopatología”, dentro de un nivel de gravedad menor. Estos desajustes deberían ceder en muy pocos días. Si detectamos que estos “síntomas” permanecen, sí podremos tomarnos en serio el problema y consultar con un profesional (médico de cabecera o psicólogo clínico). Aunque insisto, desde mi experiencia profesional, casos de enjundia sobre este tema no hay muchos. A menudo, los problemas son otros: en ocasiones los árboles no dejan ver el bosque.

Como mortales que somos que gustamos del retozo, el bienestar, la dicha vacacional, los viajes y/o la playa, el vernos de nuevo constreñidos a nuestras exigentes tareas en oficinas y dependencias centrales, es inevitable que en cierto sentido tengamos puntualmente algún síntoma de los indicados.

El estrés es un proceso conocido de adaptación a los requerimientos del ambiente. Ante la adaptación a nuevas demandas ambientales podemos experimentar una serie de cambios o reacciones orgánicas y/o cognitivas, así como de carácter comportamental; consistentes en activación, aceleración de funciones, generación de recursos, etc. que sirven para dar respuesta a dichas demandas.  El estrés explica completamente la sintomatología presente en el pseudosíndrome postvacacional.

La reincorporación laboral implica un incremento de la responsabilidad y de las obligaciones, con todos los temores que ello conlleva y la activación psicológica consiguiente. Juntemos esto con otros problemas domésticos, sociales, de salud, etc., y tenemos servido en bandeja la reificación de un nuevo trastorno, que no es tal. No podemos considerarlo seriamente como psicopatología (con todo lo que descriptivamente ello comporta) porque deberíamos considerar también de la misma forma cualquier otro trastorno adaptativo (adaptación escolar, familiar, discusiones con los amigos, problemas físicos, etc.). No podemos psicopatologizar de continuo la vida cotidiana. Vivir acarrea sus complicaciones y algunas de ellas consiste simple y llanamente en estresarnos ante determinados cambios vitales.

Nos ayudará a superar este pseudotrastorno, el reaprender los hábitos que abandonamos antes de irnos de vacaciones, realizar un esfuerzo adicional por ser más positivos en la valoración de nuestras expectativas de relación en el trabajo, programar algunos días libres antes de iniciar el curso laboral, utilizar alguna estrategia de relajación, compartir algunas horas con los amigos de siempre, y fundamentalmente, tomárnoslo “con filosofía”.


Seamos pues más serios y prudentes. En un entorno competitivo, como el que vivimos, con el trabajo como valor de extremada calidad, escaso, ansiado por muchos actualmente, hemos de reivindicar el trabajo, no ya como deber o derecho (constitucional) que también, sino como necesidad del ser humano. El trabajo nos mantiene activos, facilita las relaciones sociales, la inactividad precipita la indolencia y la pereza , y en cambio el trabajo nos mantiene en forma (física/mental) y es un elemento integración social. El trabajo nos importa. Valorémoslo. Si le damos el valor que merece minimizaremos cualquier “síndrome” postvacacional que podamos sufrir.

¿Has sufrido amigo lector, este síndrome de depresión postvacacional?

Alberto Bermejo
Psicólogo Especialista en Psicología Clínica

Gabinete de Psicología Eidos (Alicante)

www.psicologos.eu

eidos@psicologos.eu

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