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Claves de Autopsicología: La trampa de la depresión

Claves de Autopsicología: La trampa de la depresión

«Incapaz de escribir una letra. Dioses amenazantes. Me siento exiliada en una estrella fría, incapaz de sentir nada, excepto un irremediable entumecimiento horrible».

Diarios (1957), Sylvia Plath

En este repaso por algunos de los capítulos de mi libro, me detengo en un problema complejo, doloroso, incierto. El síndrome depresivo suele coexistir con otros trastornos mentales. No es fácil manejar este trastorno en un formato de autopsicología, aunque no obstante te animo a ello. Siempre que encuentres manejables tus síntomas. De otra forma, piensa en acudir a terapia.

La depresión es una enfermedad mental común que afecta a millones de personas en todo el mundo. A menudo se describe como una sensación de tristeza profunda, pérdida de interés en las actividades cotidianas y una sensación de falta de energía y motivación. La depresión puede afectar a personas de todas las edades, géneros y culturas, y puede ser causada por una combinación de factores genéticos, biológicos, psicológicos y ambientales.

Una de las trampas más peligrosas de la depresión es su capacidad para hacernos sentir como si estuviéramos atrapados. Cuando estamos deprimidos, a menudo nos sentimos incapaces de hacer cualquier cosa y como si no hubiera ninguna salida. Esta trampa puede hacernos sentir impotentes y desesperados, lo que puede empeorar aún más nuestra depresión.

Es importante tener en cuenta que esta sensación de estar atrapado es una ilusión. Aunque puede ser difícil ver una salida en este momento, siempre hay opciones disponibles para nosotros. Uno de los primeros pasos para superar la trampa de la depresión es reconocer que estamos atrapados en ella. Aceptar nuestra situación y pedir ayuda puede ser un gran paso hacia la recuperación.

Es importante recordar que la recuperación de la depresión es un proceso. No sucede de la noche a la mañana y puede haber altibajos en el camino. Es importante ser amable y compasivo con nosotros mismos durante este tiempo y no esperar una recuperación instantánea.

En mi libro de Autopsicología despliego un decálogo para hacer frente a este proceso. Es siempre un primer paso. Son premisas que procede consideres para rehabilitarte frente a la vida que nos está esperando para ayudarnos a ofrecer la mejor versión de nosotros mismos. ¡A qué estas esperando!

Es importante volcarnos en activarnos física y mentalmente. La activación comportamental es central. Revisa en qué medida te has mostrado activo en los últimos meses. Debes mostrarte decidido a movilizarte, en todos los sentidos: física, emocional y mentalmente para vencer tu apatía y pasividad.

Lo que te dices a ti mismo también es muy relevante. Beck, el padre de la terapia cognitiva para la depresión profundiza en el modo de pensar del cerebro deprimido. Considera que los pensamientos automáticos aparecen espontáneamente, tienen un carácter negativo y un componente irracional. Los aceptamos como verdaderos (sin mediar ningún proceso de comprobación) y conllevan intensas emociones negativas.

Te propongo para acabar un pequeño ejercicio, para tomar conciencia, y para mejorar tu estado de ánimo negativo:

Puedes escribir en un diario, un blog o simplemente en un papel lo que sientes. La escritura puede ayudarte a procesar tus emociones y pensamientos, lo que puede ayudarte a encontrar soluciones y ver las cosas con más claridad. También puede ser útil escribir tus pensamientos y emociones positivas, incluso si no te sientes de esa manera en el momento. Esto puede ayudarte a crear un registro positivo

Encontrarás más ideas de Autopsicología, y ejercicios con un mayor desarrollo y explicación en mi libro Autopsicología, ejercicios y claves para una buena salud mental, en Editorial Almuzara, que podrás pedir en tu librería o adquirir en Internet

Alberto Bermejo
Psicólogo Especialista en Psicología Clínica

Gabinete de Psicología Eidos (Alicante)

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Ejercicios y claves para una buena salud mental

Claves de Autopsicología: Afrontar la ansiedad y el estrés

Claves de Autopsicología: Afrontar la ansiedad y el estrés

¿No puedes tratar un alma enferma, arrancar de la memoria un dolor arraigado, borrar una angustia grabada en la mente y, con un dulce antídoto que haga olvidar, extraer lo que ahoga su pecho y le oprime el corazón? En eso el paciente debe ser su propio médico […].

Macbeth (1606), William Shakespeare

Shakespeare ya describía en 1606 la angustia, el dolor emocional. ¡E incluso nos proponía una receta de Autopsicología! Volvamos sobre lo andado, revisemos nuevamente lo que sabemos y conocemos, en breve, sobre el problema más común en nuestros días.

En diversos escritos y artículos (y en mi libro) he descrito la ansiedad como un sentimiento o emoción adaptativa que nos resulta de gran utilidad en nuestra cotidiana vida, por tratarse de un sistema de alerta (en ocasiones con incidencia psicopatológica, cuando deriva en un trastorno de ansiedad). Hablamos de un “trastorno” de la “ansiedad”; porque indudablemente la ansiedad no podemos eliminarla, fracturarla, esconderla…. Forma parte del juego de la vida.

Los humanos corremos a nuestro médico de cabecera a reclamar la píldora milagrosa que elimine la angustia y el dolor psicológico. ¿Pero acaso la píldora va a hacer desaparecer tus problemas vitales, tus dificultades personales, en la base (muy probablemente) de tu respuesta de ansiedad? No lo va a hacer. Y no existe la píldora o la herramienta (algunos me la piden) que te haga olvidar el dolor, el trauma, los conflictos, los problemas…

Todos nosotros deberíamos conocer los aspectos centrales, muy resumidamente, que son los responsables de la respuesta de estrés o ansiedad:

  1. Estamos vivos, ergo, nos emocionamos, sentimos. También el miedo.
  2. Ante la adversidad, ante un estímulo ansiógeno (puede ser producto de la imaginación, el recuerdo o la anticipación) respondemos adaptativamente con una activación del sistema nervioso autónomo (SNA) que regula funciones vitales de importancia. Ante el peligro, o ante una situación complicada, nos alertamos y respondemos atacando (de ser real), paralizándonos, o huyendo (la mayoría de las veces, física o psicológicamente).
  3. Si nuestra respuesta psicofisiológica (descrita en el punto 2) la valoramos de forma razonable, la percibimos como adaptativa, si comprendemos lo que está ocurriendo, si toleramos cierto nivel de malestar… esta respuesta de estrés o ansiedad será muy puntual y delimitada a dicho momento.
  4. Si dicha respuesta física y psicológica, aparece con frecuencia en el marco de un problema determinado y podemos manejarlo, podremos también tolerar la situación e incluso buscar una solución a los problemas. Nos adaptamos.
  5. Si lo que describo en los puntos 3 y 4 lo percibimos como injusto, indeseable, intolerable, doloroso o no lo comprendemos, si nuestra respuesta emocional es inapropiada, estaremos generando un nivel de distrés y ansiedad elevado, que con el tiempo puede trocar en un trastorno de ansiedad, de los múltiples que tenemos descritos que afectan a nuestro bienestar emocional.

Los seres humanos, en nuestro inhábil manejo de nuestra respuesta emocional, haciéndonos trampas con la mente, hemos convertido lo que es una alerta útil para nuestra supervivencia en un mecanismo de incapacitación psíquica que afecta profundamente nuestra vida cotidiana y nos descoloca vitalmente. Otorgamos demasiado espacio mental innecesario a nuestros miedos, a nuestras incomodidades, anticipando dolores que nunca aparecerán.

Estamos atrapados por el pasado y el futuro (el auténtico germen de la angustia), nos anclamos en una de estas entelequias temporales, esencialmente inexistentes, que solo podemos validar conceptualmente. Porque lo único que hacemos es navegar en un único presente, eterno y singular presente. Sólo existe este momento.  Carpe Diem, ya nos exhortaban nuestros clásicos.  Si nos quedamos atrapados en estos dos fantasmas, un tanto como le ocurrió al Scrooge de Dickens, nuestras experiencias, el discurrir de nuestra vida carecerá de gracia y fuerza vital, y experimentaremos el paso por este tránsito como anestesiados, lo opuesto a la expresión de la felicidad: desapego, angustia y desánimo

Te ruego que sientas la vida como una sucesión invaluable de acontecimientos y experiencias únicas. Como un auténtico regalo, en cada instante posible, y experiméntalo como si cada momento fuera el último, el único. Esfuérzate en activar tus cinco sentidos y captar todo lo que sucede frente a ti, refuerza tu capacidad de darte cuenta de la vida que pasa ante tus ojos.  

Te propongo para acabar un pequeño ejercicio, para tomar conciencia, y para reducir tu respuesta de ansiedad.

  1. Siéntate en un lugar confortable.
  2. Cierra tus ojos.
  3. Realiza alguno de los ejercicios que tengas a mano para relajar tu musculatura.
  4. Toma conciencia de tu respiración. Respira lenta y profundamente. Mas en el momento de exhalar, piensa en una palabra-mantra: “tranquilidad”, “relax”, o “paz” u otra que te guste más.
  5. Continúa así durante 10 ó 20 minutos.
  6. Al acabar, siéntate un momento, antes de ir a tus actividades cotidianas. Practica con frecuencia.

Encontrarás más ideas de Autopsicología, y ejercicios con un mayor desarrollo y explicación en mi libro Autopsicología, ejercicios y claves para una buena salud mental, en Editorial Almuzara, que podrás pedir en tu librería o adquirir en Internet (abajo, enlace).

Alberto Bermejo
Psicólogo Especialista en Psicología Clínica

Gabinete de Psicología Eidos (Alicante)

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Ejercicios y claves para una buena salud mental

En el Día Mundial de la Salud Mental elige VIVIR, elige AUTOPSICOLOGÍA.

En el Día Mundial de la Salud Mental elige VIVIR, elige AUTOPSICOLOGÍA.

Demasiados artículos dedicados a la dramática situación de la psicología clínica en España. Nuestros ufanos próceres (políticos) sacan pecho afirmando que tenemos los mejores registros de salud, de bienestar social (atención hospitalaria) y lo cierto es que si se trata de hablar de salud mental, quienes nos gobiernan (y los que  vendrán, seguramente) terminan escondiéndose, avergonzados, porque estamos a la cola de Europa en el cuidado público de la salud mental.

Pues debemos recordarlo, con más motivo ya que esta semana pasada (el 10 de octubre) se conmemoraba (por no enrojecer al usar el término “celebraba”) el Día Mundial de la Salud Mental. Es triste recordar aún que somos líderes en el consumo mundial de psicofármacos, y líderes europeos respecto del consumo de ansiolíticos (benzodiacepinas). ¿Por qué tenemos tanta afición a las pastillas en este país? Tengo fresco en mi mente el recuerdo de mi abuela “recetándome” para todo el controvertido optalidón un día sí y otro también.

No debemos olvidar que un psicofármaco no soluciona un problema psicosocial. Puede ser mayormente efectivo ante problemas psicológicos o psiquiátricos de etiología orgánica, estructural, pero es menos eficaz en problemas funcionales. Considero, como psicólogo clínico, que los poderes públicos deberían concienciar a la población para fortalecer la confianza en los profesionales de salud mental, especialmente los psicólogos clínicos. Los más preparados para ayudar a los pacientes a afrontar la dura tarea de vivir. Porque, no nos olvidemos, la vida encierra luces y sombras. ¡Reclamamos más inversión de los gobiernos en salud mental!

El consumo de  psicofármacos ansiolíticos es disparatado, especialmente en España. Uno de cada cinco pacientes en atención primaria sufre un trastorno de ansiedad, de acuerdo con los datos de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS), a la que pertenezco; pero es más, los trastornos de ansiedad están implicados en la mitad de las consultas de los pacientes, ya que estos no siempre son conscientes de su problema principal y con frecuencia acuden preocupados por síntomas característicos de la ansiedad, como trastornos digestivos, taquicardias, dolores, etc. ¿Qué nos pasa? ¿Por qué arruinamos nuestra vida de este modo? ¿Por qué nos mantenemos en nuestro particular cuadro de evitación de experiencias vitales, que es lo que encontramos en la base de muchos problemas de ansiedad?

En las tres últimas décadas se ha avanzado extraordinariamente en el ámbito de la salud mental. La investigación ha reportado notables progresos terapéuticos y un amplio conocimiento de la conducta del ser humano, la psicopatología y su tratamiento. En el ámbito científico hemos superado aproximaciones psicoanalíticas, abordando nuevas dimensiones de tratamiento desde el marco cognitivo-conductual. Personalmente me siento muy confortable con las nuevas orientaciones cognitivas de Tercera Generación: Aceptación y Compromiso, Dialéctico Conductual, Mindfulness, Terapias contextuales…

¡Nadie debe resignarse a padecer un trastorno mental o psicológico! Disponemos de herramientas y recursos para aliviar el malestar emocional. No siempre es necesario acabar en el médico de cabecera. Pero si lo necesitas, pide recurso al especialista (psicólogo clínico o psiquiatría). En otras ocasiones sí que será necesario un control psicofarmacológico.  Podemos dejar a un lado el sufrimiento. Está en nuestra mano buscar el bienestar y desarrollar estilos de comportamiento más saludables.

En circunstancias graves, bajo presiones intensas de tipo psicosocial o al sufrir determinados vaivenes emocionales, la mejor alternativa es consultar a un psicólogo clínico experto y someterte a una terapia adecuada a tu problema. Confía en tu psicólogo o psicóloga clínica. Como ayuda o alternativa, hace unos meses publiqué en Editorial Almuzara el libro: AUTOPSICOLOGÍA Ejercicios y claves para una buena salud mental, que también puedo recomendarte. En este libro de Autopsicología contarás con informaciones prácticas, buenas propuestas, consejos expertos y la mejor guía profesional.

No seré yo quien diga que los psicofármacos no son eficaces. Lo son y mucho. En general, la toma de una pauta ansiolítica en un lapso breve de tiempo elimina la sensación molesta de ansiedad, o la angustia. Claro que lo que no resuelve es nuestro problema de base: el problema de pareja o de trabajo, la discusión con un amigo, la ruptura de un acuerdo, la pérdida de un privilegio, el estrés general, etc. Aprender a manejar la ansiedad implica aprender a manejar también los problemas que la ocasionan; y no hay fármacos que resuelvan este tipo de situaciones problemáticas.

Vive con AUTOPSICOLOGÍA. No nos inventemos nuevas “enfermedades de la mente”. La vida en ocasiones es complicada. Pero la mayor parte de nuestros problemas son adaptativos, y podemos hacerles frente con eficacia si estamos en las mejores manos, con los mejores profesionales. No lo olvides, ¡Están cerca de ti!.

Alberto Bermejo
Psicólogo Especialista en Psicología Clínica

Gabinete de Psicología Eidos (Alicante)

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¿Síndrome de estrés post vacacional?

¿Síndrome de estrés post vacacional?

En Agosto de 2010 tuve ocasión de participar como psicólogo clínico en un interesante aunque corto debate en Televisión Española (Programa “La Mañana” de TVE, conducido por Mariló Montero) en el que defendí una posición crítica frente al mal denominado trastorno de depresión (o síndrome) postvacacional. El debate lo encontraréis (min. 10)  en:

 http://www.rtve.es/mediateca/videos/20100823/manana-1/857985.shtml

Han pasado muchos años, pero el tema siempre está de actualidad cuando cerramos el mes de agosto. Me parece oportuno compartir estas reflexiones con vosotros, que habéis finalizado vacaciones o estáis en trance de terminarlas con idea de quitar hierro a esta especie de “maldición” que ocupa columnas de periódicos todos los años.

Quede dicho de entrada que el mal llamado “síndrome postvacacional” no tiene consistencia clínica desde un punto de vista psicopatológico.  O dicho en román paladino: no existe.
Hablar de síndrome en Psicología Clínica o en Medicina, implica considerar un determinado cuadro clínico o conjunto de síntomas bien definido, contrastado, presentado por un determinado trastorno. Pues aunque bien es cierto que algunos de vosotros, y yo mismo, podemos padecer de vuelta de vacaciones de cierto malestar difuso, como dolor de cabeza, desánimo, irritabilidad, apatía, insomnio, tensión, nerviosismo… e incluso los más sensibles  algunos síntomas depresivos, ansiedad, náuseas, taquicardias, sensación de ahogo, problemas estomacales, etc., no hemos de convenir que se trate de un trastorno ad hoc, ni de enfermedad alguna, ni por supuesto “síndrome”; lo que podemos sufrir es únicamente un problema de estrés, y en casos con mayor complicación, un trastorno adaptativo.  Este sí está recogido como “psicopatología”, dentro de un nivel de gravedad menor. Estos desajustes deberían ceder en muy pocos días. Si detectamos que estos “síntomas” permanecen, sí podremos tomarnos en serio el problema y consultar con un profesional (médico de cabecera o psicólogo clínico). Aunque insisto, desde mi experiencia profesional, casos de enjundia sobre este tema no hay muchos. A menudo, los problemas son otros: en ocasiones los árboles no dejan ver el bosque.

Como mortales que somos que gustamos del retozo, el bienestar, la dicha vacacional, los viajes y/o la playa, el vernos de nuevo constreñidos a nuestras exigentes tareas en oficinas y dependencias centrales, es inevitable que en cierto sentido tengamos puntualmente algún síntoma de los indicados.

El estrés es un proceso conocido de adaptación a los requerimientos del ambiente. Ante la adaptación a nuevas demandas ambientales podemos experimentar una serie de cambios o reacciones orgánicas y/o cognitivas, así como de carácter comportamental; consistentes en activación, aceleración de funciones, generación de recursos, etc. que sirven para dar respuesta a dichas demandas.  El estrés explica completamente la sintomatología presente en el pseudosíndrome postvacacional.

La reincorporación laboral implica un incremento de la responsabilidad y de las obligaciones, con todos los temores que ello conlleva y la activación psicológica consiguiente. Juntemos esto con otros problemas domésticos, sociales, de salud, etc., y tenemos servido en bandeja la reificación de un nuevo trastorno, que no es tal. No podemos considerarlo seriamente como psicopatología (con todo lo que descriptivamente ello comporta) porque deberíamos considerar también de la misma forma cualquier otro trastorno adaptativo (adaptación escolar, familiar, discusiones con los amigos, problemas físicos, etc.). No podemos psicopatologizar de continuo la vida cotidiana. Vivir acarrea sus complicaciones y algunas de ellas consiste simple y llanamente en estresarnos ante determinados cambios vitales.

Nos ayudará a superar este pseudotrastorno, el reaprender los hábitos que abandonamos antes de irnos de vacaciones, realizar un esfuerzo adicional por ser más positivos en la valoración de nuestras expectativas de relación en el trabajo, programar algunos días libres antes de iniciar el curso laboral, utilizar alguna estrategia de relajación, compartir algunas horas con los amigos de siempre, y fundamentalmente, tomárnoslo “con filosofía”.


Seamos pues más serios y prudentes. En un entorno competitivo, como el que vivimos, con el trabajo como valor de extremada calidad, escaso, ansiado por muchos actualmente, hemos de reivindicar el trabajo, no ya como deber o derecho (constitucional) que también, sino como necesidad del ser humano. El trabajo nos mantiene activos, facilita las relaciones sociales, la inactividad precipita la indolencia y la pereza , y en cambio el trabajo nos mantiene en forma (física/mental) y es un elemento integración social. El trabajo nos importa. Valorémoslo. Si le damos el valor que merece minimizaremos cualquier “síndrome” postvacacional que podamos sufrir.

¿Has sufrido amigo lector, este síndrome de depresión postvacacional?

Alberto Bermejo
Psicólogo Especialista en Psicología Clínica

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Música y Psicología

Música y Psicología

¿En alguna ocasión te has sentido inspirado o arrobado por un tema musical, o por tu canción favorita? ¿Acaso no hay momentos en que has sentido una respuesta emocional específica ante una melodía determinada?

Lo señaló Hans Christian Andersen, “dónde las palabras fallan, la música habla”. Hablamos los psicólogos mucho de terapia y psicoterapia, pero muy poco de otros abordajes diferenciados para resolver algunos de los trastornos mentales más comunes. Y lo cierto es que el impacto de la música en el cerebro es intenso.

La música es un conjunto de sonidos organizados de una forma codificada y dotados de significado fundamentalmente emocional (e incluso intelectual). Puede que a algunas personas la música les produzca indiferencia, pero el ritmo, la melodía, las variaciones, la armonía de una obra musical concita cambios en nuestro universo emocional, impactando en la estructura del propio cerebro. La música activa áreas del cerebro implicadas en la imitación y la empatía, donde se encuentran las neuronas espejo, que reflejan acciones e intenciones de otros como propias. El lenguaje musical es más fino, más significativo y emocional, que el propio lenguaje hablado, y además, es universal.

En Vitoria participé hace ya muchos años en un curso universitario de especialización en Musicoterapia y recuerdo aquella semana con agrado. Nos facilitaron algunos instrumentos sencillos, sin tener ni idea de música o composición, y conseguimos preparar algunos arreglos musicales y crear con dichos instrumentos, con arreglo a determinadas sensaciones o emociones que se invocaban. Fascinante.

Una melodía puede incitar a la relajación, otras a la alegría, otra nos puede producir algo de ansiedad. Un determinado ritmo puede motivarnos. La música tiene la capacidad de modificar nuestros estados de ánimo. En psicoterapia, con pacientes que padecen graves problemas de comunicación, la música puede ser un instrumento de conexión terapéutica extraordinario.

Hay estudios que arrojan datos vinculando la especialización musical con valores altos en test de inteligencia. Según algunos estudios, los chavales que recibieron lecciones de música o clases de canto obtuvieron valores más alto en test de memoria verbal que un grupo control de estudiantes sin este tipo de entrenamiento. En otra investigación, algunos pacientes que gozaban con temas musicales al piano, arpa, sintetizador o jazz lento, experimentaron menos dolor postquirúrgico en una investigación hospitalaria.

La música, los sonidos, siempre han sido una herramienta de comunicación y supervivencia para nuestros antepasados; probablemente fuera el antecedente más crítico de nuestro lenguaje. La música asimismo fomenta la creación de vínculos sociales, porque permite compartir sentimientos.

Te propongo un pequeño ejercicio, que ya sabes que siempre que puedo sugiero alguna propuesta práctica. Algún día que os encontréis especialmente tristes, escuchad tres (o más) canciones u obras musicales de alrededor de 5 minutos cada una, por este orden:

  1. 5 minutos escuchando una balada (o baladas) o música algo tristona, lenta.
  2. A continuación, escuchad 5 minutos con música neutra, que no exprese emocionalmente nada particular, pero que incluya algunas variaciones y ritmo.
  3. Finalmente, elegid 5 minutos de música alegre y motivadora.

Con este ejercicio tan sencillo es muy probable que mejore claramente tu ánimo.

La música, todas las músicas, ocupan un lugar importante en mi vida. Es una de mis grandes pasiones.  De forma que en las próximas semanas y meses compartiré cada cierto tiempo en Facebook https://www.facebook.com/GabineteEidos/ (os animo a que entréis y le deis a “me gusta”) algunas breves reflexiones y sentimientos alrededor de una determinada obra musical, que intentaré que sea novedosa, y también, por qué no, algún clásico. Os dejo con la primera de todas, que publiqué el pasado 21 de agosto, sobre el último disco de Markéta Irglová:

MÚSICA Y PSICOLOGÍA: Lila (Markéta Irglová)

La ganadora del Óscar a la mejor canción por Falling Slowly (de la inolvidable y reconciliadora “Once”) lanzó la semana pasada su tercer álbum, LILA.

Un trabajo poético, brillante y soberbio. Una oda al amor en todos los sentidos, desde el fraternal al más apasionado.

Si sufres por una dependencia emocional por amor no correspondido, o si todo el amor que entregas en tu vida regresa fracturado o artificial, escúchalo y sumérgete en el universo Irglóva.

Porque la vida sin amor, sin amar, apenas es vida. Y amar (aunque lo hagas a tu mascota, si los seres de este mundo te dan la espalda), es el gran recurso frente la infelicidad. (Enlace a Spotify en el título de la canción)

Alberto Bermejo
Psicólogo Especialista en Psicología Clínica

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