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Teletrabajo… y vuelta a la oficina

Teletrabajo… y vuelta a la oficina

Esta pandemia de COVID19 (¿tuvimos que sufrir una pandemia para ello?) representó el gran impulso en cuanto a modernidad laboral En España y en el resto del mundo convidando a una gran parte de trabajadores a teletrabajar desde sus domicilios desde la primera declaración del estado de alerta y el confinamiento.

Los psicólogos ya hemos teletrabajado anteriormente. Recuerdo que en 2002 participé en Oviedo con otros colegas en una Mesa Redonda en la II Reunión anual de la Sociedad Española de la Psicología Clínica y de la Salud (SEPCyS). La mesa “Nuevas tecnologías, internet y psicología clínica” representaba una de las primeras iniciativas científicas en España sobre la eficacia de la terapia Online y las tecnologías informáticas aplicadas a la psicología clínica.

Hasta las fechas de confinamiento de 2020 muy pocos habían disfrutado de esta modalidad de trabajo en sus empresas y a la mayoría de los profesionales lo del teletrabajo sonaba algo tenebroso. Las empresas de este país, algo carpetovetánicas, prefieren ver a sus asalariados quemando las horas en las oficinas y lo de teletrabajar en casa no debía ser algo muy español. Y en estas que nos vimos, con la gangrena del COVID19, descubrimos que tecnológicamente el país estaba preparado para que media España enchufaran sus portátiles en casa, y ¡además la mayor parte de las empresas ya estaban haciendo planes para que sus trabajadores teletrabajaran!

No en vano, el teletrabajo representa grandes ventajas para la empresa: reducción de costes operativos y energéticos, no precisar alquilar espacios de trabajo, menos gastos en material y herramientas informáticas. Y probablemente menos jefes. Sin dejar de lado el avance que supone en todos los órdenes en materia de conciliación familiar.

Si bien sigue siendo una modalidad de trabajo sospechosa para muchas corporaciones, dado que no permite atar en corto al trabajador.

Con las vacunas estamos viendo la luz al final del túnel; pensamos que en cuestión de pocos meses el COVID19 habrá sido una pesadilla y volveremos a la plena normalidad (a mí no me gusta lo de la nueva normalidad que nos vende el establishment). Las empresas ya están invitando a sus empleados a volver a los centros de trabajo. Es muy probable, tú que me estás leyendo, que este mismo lunes ya hayas sido exhortado a volver a trabajar presencialmente. Sé que te habías acostumbrado a darle a la tecla de tu ordenador en casa, mientras consolabas los llantos de tus críos, te preparabas el café, ponías la lavadora o dejabas la comida en el fuego. ¡Y todo funcionaba, el trabajo salía adelante!. Ha sido una magnífica experiencia, ¿no?.

Pero, ¡ay!. Volvemos a las oficinas. Las compañías y empresas españolas más avanzadas promueven sistemas de trabajo, que combinan eficientemente presencialidad y teletrabajo. Aplaudo las empresas que aseveraron aquello de que “el teletrabajo ha venido para quedarse”, aunque ahora no se mente tanto. Y he de decir, como psicólogo, que es absolutamente razonable y representa la mejor opción para los profesionales combinar ambas modalidades.  ¿Queréis saber por qué?.

He estudiado profundamente esta cuestión y sus derivadas. Seguir trabajando exclusivamente conectados mediante un ordenador desvirtúa la comunicación humana. Es una manera artificial de conectar con el otro. Están muy bien las sesiones por zoom, pero siempre son más cálidas las reuniones presenciales, compartiendo sonrisas reales, sintiendo la piel del otro (cuando nos dejen besarnos o darnos la mano), discutiendo de trabajo en mesas contiguas y volviendo a sentir que formas parte de la organización.  Hay algunos estudios que apuntan a que un teletrabajo prolongado puede conllevar experiencias de desánimo o depresivas, aunque no me quiero extender en ello ahora.

Además, vamos a recuperar el mayor beneficio que aporta participar en equipos de trabajo: la implicación social. Somos personas y necesitamos a los demás. Trabajar siempre a solas con tu portátil no es saludable. Desarrollar un trabajo de forma participativa combinándolo con la posibilidad de interactuar socialmente con tus compañeros es una palanca de salud mental. Te sientes útil, parte del equipo. Ello se refleja positivamente en tu autoestima, es gratificante.

El teletrabajo a la larga nos puede volver algo perezosos y “la casa se nos puede caer encima”. Lamentablemente, los datos que manejo apuntan a que esta modalidad de trabajo ha ido acompañada de un mayor sedentarismo. Salir de casa para acudir a tu puesto de trabajo implica movimiento y ejercicio. Mucho más si acudes a tu trabajo andando o en bicicleta. Movernos un poco más cada día es fuente generadora de salud.

Tener la posibilidad de compartir un cierto grado de amistad con los compañeros de trabajo y quedar para tomar un café o compartir el almuerzo es otro elemento gratificante.

Además, tener la opción de abandonar el pijama o el chándal y ponernos algún traje o vestido decente representa otro ingrediente positivo para nuestra autoconfianza. Se acabaron las videoconferencias en calzoncillos trajeados de cintura para arriba. El desarrollo de este aspecto motivacional es importante.

Emocionalmente, conseguir diferenciar entre oficina y hogar conducirá a una reducción importante de estrés y representará una mejora de salud mental adicional.

¡Ánimo y fortaleza en esta nueva etapa, amigo lector!

Alberto Bermejo

Psicólogo clínico

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El problema de la Psicología en España

El problema de la Psicología en España

Recientemente se ha publicado un un artículo en Infocop Online http://www.infocop.es/view_article.asp?id=17000&cat=47  reportando la escasez de psicólogos especialistas en el Sistema Nacional de Salud y los problemas derivados de lista de espera según informe publicado por la Fundación CIVIO.  De acuerdo con este trabajo, España es el país que presenta una mayor prevalencia en depresión en Europa por detrás de Grecia.  Presentando actualmente una nimia oferta de 5,14 psicólogos por cada 100.000 habitantes en el Sistema Público.

Definitivamente, los pacientes con diagnósticos de ansiedad o depresión han de acudir al psicólogo clínico privado para recibir tratamiento psicológico de calidad por sus problemas de salud mental, o bien acabar bajo el vasallaje de las soluciones psicofarmacológicas, no siempre las más apropiadas para problemas de índole psicosocial y trastornos adaptativos.

Conviene recordar que seguimos sufriendo una epidemia vírica de calado y que según El Colegio Oficial de Psicología de Madrid se estima que las peticiones de consulta en dicha comunidad han crecido hasta un 30%, datos que pueden ser extrapolables al resto de comunidades españolas.

Asimismo, la atención primaria  en el ámbito de la salud mental es de muy baja calidad. Los ciudadanos que precisan ayuda acuden preferentemente a su médico de familia quien normalmente no cuenta con las herramientas ni la formación adecuada para manejar estos problemas, por no señalar que tampoco dispondría del tiempo suficiente para escuchar a estos pacientes hablando sobre sus cuitas.

No olvidemos tampoco que la ansiedad representa el diagnóstico principal que los pacientes informan a su médico de cabecera, intentando obtener soluciones a sus problemas de angustia y dolor psicológico. Un informe del Ministerio de Sanidad de 2017 confirmaba que el 34,3% de las mujeres y el 17,8% de los hombres de 40 y más años han retirado al menos un envase de antidrepresivo, ansiolítico o hipnótico/sedante. El consumo de estos productos ha crecido hasta las 203 dosis diarias por cada 1000 habitantes, también en dicho año de 2017. Estos datos indicados de 2017 han sido publicados ha finales del año pasado. Nuestro Ministerio de Sanidad tampoco trabaja con gran rapidez en este tipo de publicaciones.

Estamos ante un problema grave de salud pública y nuestra profesión lamenta que la Psicología continúe siendo la cenicienta en las propuestas de atención sanitaria. Es lamentable haber escuchado recientemente como un diputado en el Pleno del Congreso preguntaba por la salud mental de los españoles y como respuesta un diputado de un partido político rival respondía “vete al médico”. Posteriormente este diputado respondón pidió disculpas por su desafortunada frase, pero en cualquier caso refleja el estado de la Psicología en España, que continúa situada a la zaga de la Medicina, cuando según diversos estudios e investigaciones, el tratamiento de determinados problemas de salud mental con tratamiento psicológico cognitivo-conductual sería más eficaz y menos costoso que mantener estos problemas en los pacientes periodificando la administración de psicofármacos.

En conclusión, España se encuentra entre los países más medicados del mundo, como refieren el Observatorio del Medicamento y la Federación Empresarial de Farmacéuticos Españoles (FEFE), que informan un incremento significativo en el consumo de psicofármacos.  Sé que nuestros políticos están muy ocupados actualmente en reducir la crisis generada por el COVID19, además de no dejar de tirarse trastos a la cabeza, pero estimo como psicólogo que si nuestros próceres realmente han accedido a la Política deberían mostrarse más proactivos para preservar el bien común (también el psicológico), indudablemente el fin principal que mueve a los profesionales de la cosa pública. Señores políticos, hagan algo por fin para mejorar la salud mental de los españoles.

Alberto Bermejo

Psicólogo clínico

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Suicidios por desesperanza COVID-19

Suicidios por desesperanza COVID-19

Acongoja sobremanera leer en  prensa sobre el aumento inquietante de suicidios inducidos por la pandemia COVID-19. A principios de este año 2021 la OMS ya alertaba de un repunte de los mismos y una profusión de trastornos psicológicos debido a la pandemia.

El Doctor del hospital Parc Taulí de Sabadell, Diego Palao, por su parte, alertaba recientemente  del impacto de la pandemia en nuestra salud mental, una tormenta perfecta para el incremento de la sintomatología de depresión y el riesgo de suicidio entre la población más vulnerable.

Quien mejor y más rápidamente informa de estos sucesos es Japón, un país muy sensibilizado con este doloroso problema. Recientemente hemos conocido que este país ha creado el Ministerio de la Soledad para intentar frenar estos sucesos.  El bosque de Aokigahara sito en las estribaciones del monte Fuji es la localización perfecta para muchos jóvenes japoneses con el ánimo de acabar con sus días. A su entrada, un angustioso cartel advierte: “tu vida es un hermoso regalo de tus padres. Por favor piensa en tus padres, hermanos e hijos. No te lo guardes. Habla de tus problemas”.

Hablar de problemas. Los especialistas en ello son los psicólogos, profesionales por los que ninguna administración pública reciente en España presta atención suficiente. Nuestros iletrados políticos solo parecen confiar en la cuasifelicidad que aportan unos psicofármacos que se tornan insuficientes para acometer el dolor que sufre esta generación COVID-19.

El suicidio como solución terminal para un individuo se perpetra en estados graves de angustia y depresión. Recordemos que el dolor psíquico o dolor emocional es la causa más significativa para decidir quitarse la vida. En mayor número lo intentan los diagnosticados con un Trastorno de Depresión Mayor.

Sin embargo, conviene saber que algunos suicidas pretenden únicamente llamar la atención de su entorno directo. Los trastornos mentales (graves) se conjugan dramáticamente para provocar la mitad de los casos de suicidio en todo el mundo. Sobre todo, producidos por tensiones importantes, estrés, abuso y tantas otras situaciones de estrés vital. Y en este tiempo pandémico,  el COVID-19 se establece inopinadamente como candidato férreo para cometer el acto fatal en seres tocados por el infortunio psicológico.

Si en nuestro entorno familiar o personal conocemos a personas en grave riesgo de suicidio hemos de ayudarles a que busquen la ayuda psicológica o psiquiátrica que necesitan. En un caso extremo podemos llamar a la policía. Hay soluciones para todas estas personas que sufren de desesperanza. Lo peor es dejarlo pasar y no dar importancia a los signos que indican claramente que alguien quiere poner fin a su vida.

Las personas que se obsesionan por  dar término a su existencia suelen presentar un deterioro psicológico muy importante; podemos preguntarles sobre sus intenciones o hacer averiguaciones sobre su comportamiento; es importante no dejarlos solos, y apartar de ellos cualquier elemento peligroso, útil o instrumento con el que puedan dañarse; no es buena idea recurrir a culpabilizarlos, ni ignorar sus sentimientos de aguda tristeza; hemos de mostrarnos cercanos y amables, y buscar la forma de hacer imperar en ellos pensamientos más positivos;  informarles que con ayuda podrán salir adelante y superar la angustia: que todo no está perdido.

Atención, que aunque el potencial suicida presente signos de mejoría, los pensamientos sobre muerte pueden persistir durante algún tiempo. Recordad lo más importante: la mayoría de potenciales suicidas no quieren morir. Solo desean librarse del dolor y la angustia.

Alberto Bermejo

Psicólogo clínico

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Control e improvisación en Psicología

Control e improvisación en Psicología

¿Cuántas veces realizamos gestos o actos automatizado casi sin percatarnos?

Estas últimas semanas he seguido la serie de Narcos México y me he sorprendido poniendo subtítulos en inglés para entender a estos güeyes. No es el mejor ejemplo de lo que deseo tratar en este post, pero me apetecía contarlo…

En la vida no podemos planificarlo todo. Sería extenuante. Tampoco debemos permitir que los automatismos tomen el control de nuestra existencia y nos roboticemos.

En ocasiones, estos automatismos nos complacen. Conozco a una persona que decidió dejar de fumar apenas sin pensarlo. Dicho y hecho. Me costó creerlo. Porque yo fui fumador en mi juventud, y tuve que ver morir un amigo en el hospital para dejarlo definitivamente hace años.

Y es que dentro de nosotros tenemos la fuerza necesaria para improvisar acciones o actuar de forma refleja. Conozcámonos.  A veces merece la pena dejarnos de llevar por esa corriente o flujo de procesos, que desatendemos y no sabemos adónde puede llevarnos, pero nos satisface. Hemos de saborear estos pequeños regalos de la vida, poniendo el foco en la autoregulación.

Si miras atrás seguro que recordarás algún momento en el que tuviste que actuar para resolver una situación complicada, sobrevenida. Sin darte cuenta estuviste tomando decisiones y solucionando un problema. Hay personas especialmente dotadas para ello, ¡y siempre puede entrenarse si lo precisas!.

Por el contrario, abandonarte constantemente a actos insconscientes o automáticos puede ser una temeridad. Dejarnos llevar por la ira y la impulsividad, por ejemplo, no es una buena idea. No siempre tendremos opción de arrepentirnos o pedir perdón.  Hemos de llevar cuidado para no perder la cabeza.

Freud desde el psicoanálisis desarrolló el término de “acto fallido” como error cognitivo o comportamental. Él lo asociaba a una interferencia inconsciente, reprimida. Una especie de confesión inconscientes. No estoy totalmente de acuerdo con su punto de vista. Demasiada confianza en “lo inconsciente”.

Analízate, ¿tiendes a improvisar y a dejarte llevar por comportamientos espontáneos? ¿O bien prefieres planificar cada gesto que haces en tu vida?. Como casi siempre, en el medio está la virtud, no obstante te ofrezco algunas sugerencias prácticas.

Revisa si tu manera de proceder y actuar te complace, si conduce a buenas experiencias y es recompensada personal y socialmente. Si es así, no será preciso realizar cambios en tu comportamiento.

Si las improvisaciones o los automatismos te llevan por el camino de la amargura, porque recibes críticas, cometes errores, te despistas, pierdes el foco, tiene consecuencias negativas, etc. En este caso es conveniente que tomes más conciencia de cada decisión que tomas en la vida y que realices ejercicios de control atencional. Has de ser más consciente de cada paso que das.

Si el exceso de planificación enlentece tu ritmo vital, te paraliza, reduce tu espontaneidad…. En este caso te animo a que hagas algunos cambios comportamentales. Arriesga más en tus decisiones. Valora la rapidez para ejecutar acciones o elaborar respuestas. Sé más natural y déjate llevar un poco más.

En definitiva, ¿te gusta improvisar o prefieres planificarlo todo?

Alberto Bermejo

Psicólogo clínico

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¿EL CEREBRO TIENE SEXO?

¿EL CEREBRO TIENE SEXO?

Llevo años entrevistándome con hombres y mujeres en mi quehacer clínico. Hombres y mujeres sufriendo diversos trastornos de ansiedad, de personalidad,  depresión u otros trastornos relevantes.

Deciros que siempre he considerado una diferencia fundamental entre hombres y mujeres, antes incluso que proliferaran los libros del tipo “Los Hombres son de Marte y las Mujeres de Venus”. Radicalmente, somos distintos (pero no como para pertenecer a distintos planetas). La mayor diferenciación es fundamentalmente cerebral.

Nuestro cerebro no funciona de la misma forma. Han sido años de evolución los que nos han diferenciado. Y con ello no damos a entender que los hombres son más inteligentes que las mujeres o viceversa. Simplemente hay tareas que un sexo realiza mejor que el otro. Aunque en esta oportunidad no hablaremos de tareas, sino del impacto de la biología en el comportamiento de hombres y mujeres.

La  investigadora Louann Brizendine (“El cerebro masculino” RBA ediciones),  neuropsiquiatra  de la Universidad de San Francisco defiende que los cerebros de hombres y mujeres procesan el mundo de forma diferente. Los caballeros se extrañan del modo de pensar de las señoras, testigos de un mundo complejo y no exento de peligros; y las mujeres piensan a menudo que los hombres estructuran su manera de cavilar desde un cerebro simple.

Durante la gestación,  es la descarga de testosterona lo que masculiniza al feto en cuerpo y mente. Con un año de edad, los niveles de testosterona son equiparables a los de un adulto. Como consecuencia, un niño disfrutará con objetos prohibidos y peligrosos, rehuyendo advertencias y funcionará muy bien en ambientes competitivos. A los pocos años exhiben su fuerza física a causa de la elevación de la dopamina, que se incrementa con la acción y el movimiento.

Las chicas poseen más conexiones en el área de la comunicación y las emociones. Son muy buenas escrutadoras de rostros y valoran la aprobación social.  En los primeros años, los ovarios generan estrógenos, que desarrollan los circuitos de observación y comunicación. Ello les lleva a mantener relaciones armoniosas con los demás, evitando conflictos y son más proclives a implicarse en juegos cooperativos. El lenguaje es su gran arma.

En la adolescencia la búsqueda sexual es el centro del interés del hombre. Las hormonas vasopresina y cortisol son el andamiaje biológico de la actitud de defensa del territorio que muestran los chicos. Sexo (el hipotálamo crece de forma desmesurada) y agresividad, ahí es nada. Independencia frente al control parental, también muy observable en los chicos.

La adolescencia femenina es diferente. Hay un incremento de la sensibilidad ante la aprobación o rechazo. Las adolescentes quieren sentirse sexualmente deseables, pero dependiendo del día los mensajes que envían o reciben pueden ser confusos. Los cambios del humor son continuos, sobre todo en las dos segundas semanas del ciclo, cuando la irritación es mayor. La solución para todo ello es hablar. Curiosamente, hablar y hablar produce en el cerebro incrementos de las hormonas dopamina y oxitocina que se traducen en experiencias placenteras. Se buscan alianzas con amigas.

Ya en la madurez los hombres comienzan a feminizarse al disminuir el flujo de hormonas masculinas (sí, amigo lector, ¡nuestra virilidad no es la misma que a los veinte años!). Es en este período donde se describen más episodios de trastornos sexuales masculinos, como eyaculación precoz y problemas de erección y/o falta de deseo sexual. Somos más receptivos a la hormona responsable de los abrazos (la oxitocina) y nos mostramos menos territoriales. Con una ventaja: el hombre es fértil prácticamente toda su vida.

En la mujer madura, con las bajadas de estrógenos y progesterona de la menopausia, el cerebro cambia. Menos interesadas en las emociones, se preocupan más de sí mismas. La concordia ya no es un fin en sí mismo.  En las mujeres también desciende el combustible del impulso sexual, la testosterona, también presente en las mujeres.

Alberto Bermejo

Psicólogo clínico

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Nomadland, una experiencia de libertad

Nomadland, una experiencia de libertad

Este jueves disfruté una fascinante película de Chloé Zhao, NOMADLAND. Está basada en el libro Nomadland: Surviving America in the Twenty-First Century escrito por Jessica Bruder.  Una singular epopeya intimista que recorre las experiencias del personaje que borda Frances McDormand tras el cierre de la fábrica en la que trabajó durante años, en un proceso de búsqueda (o encuentro) personal rodeada de personajes sorprendentes, con los que tropieza, recorriendo maravillosos paisajes americanos en su furgoneta. Se está llevando todos los premios posibles y es una extraordinaria experiencia cinematográfica, acompañada en esta oportunidad por las sublimes composiciones de Ludovico Einaudi.

Chloé Zhao nos sumerge en territorios inhóspitos. Territorios del interior de un alma que parecen desfigurarse en las primeras escenas para luego remontar un vuelo inescrutable en búsqueda de sí misma. Una auténtica experiencia de libertad, aprehendida a fuerza de golpes vitales. La protagonista se deja querer por la vida, y cual marioneta del destino se mece por los hilos de los Hados buscando el modo de abrazar su libertad.  Los encuentros con sus compañeros de camino, personas con hogares rodantes, sin casa, están repletos de gran belleza poética. Maravillosa. Descubrimos cómo es posible en nuestras vidas elegir la libertad, la felicidad, la comunidad, la familia, el amor y la amistad, pero no todo a la vez. 

La película es una experiencia onírica, vital  y optimista enmarcada en un entorno gris y nostálgico. E induce a pensar sobre tu propia existencia, sobre tus elecciones, sobre el destino y por encima de todo, el valorar lo que auténticamente importa. Porque cada uno elige y abraza sus propios valores. Y para ello debemos saber mirar dentro de nosotros. 

Nos queda esa esperanza, de poder elegir libertad. De seguir viviendo y superando obstáculos. De seguir mirando hacia adelante en pos de nuestras metas más anheladas. Mírate dentro, elige y obra en consecuencia.

Nos vemos en el camino.

Alberto Bermejo

Psicólogo clínico

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Los sueños, sueños son

Los sueños, sueños son

Los sueños siempre me han fascinado. Actividad onírica, fantasía nocturna (por cierto a mi Web de viajes la llamé “Oneira”)

No hay nada más adorable que un ser humano durmiendo, soñando, plácido en su vulnerabilidad.

Con los sueños desahogamos situaciones, emociones y conflictos diurnos.

Si no soñamos, ¡morimos! ¡Fisiológicamente cierto!

Intrigante.

Un día hablaremos y soñaremos largo y tendidos. No olvides dedicar al sueño las horas necesarias para una buena salud mental. Duerme suficientemente.

Conócete mejor. Hoy te propongo que cada día al despertar recuerdes tus sueños y los reflejes por escrito en un “sueñario”.

Verás como los sueños de la noche…te sorprenderán cada día.

Alberto Bermejo

Psicólogo clínico

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Felices… ¿para siempre?

Felices… ¿para siempre?

Uno de los grandes mitos de nuestra humanidad es la búsqueda de la felicidad. Desde niños crecemos imbuidos por la idea de que venimos a este mundo para ser los más felices. Nuestra cultura occidental está cimentada en la idea de que el hombre es bueno y ser feliz es lo más natural del mundo.

Quiero centrarme en escribir unas líneas sobre el concepto de felicidad desde la óptica de la psicología clínica; subrayando inicialmente algunas ideas algo desadaptativas que son compartidas por muchos:

  1. Podemos sentirnos felices para siempre.
  2. El hombre nace para ser feliz en este mundo.
  3. Si no eres feliz, eres un ser desgraciado.
  4. No podemos tolerar el malestar, hay que luchar contra él.

Podríamos señalar más ideas de este tipo, con poca base real; pero no quiero extenderme. Preguntaos: ¿qué es la felicidad?. Nadie se pone de acuerdo al respecto y es asunto muy opinable.

La cruda realidad (y no quisiera ponerme pesimista) es que la felicidad perenne no existe, el hombre no nace para ser feliz (no es su cometido primordial, no nació con ese fin), se puede ser feliz y desgraciado a un tiempo (todo depende de cada momento y cada situación vital) y también constatamos los psicólogos que el malestar forma parte de nuestra existencia.

Por favor, no matéis al mensajero. Podemos vivir con moderada felicidad, sí.  Aunque quisiera llamar la atención sobre el hecho de que construimos nuestra vida en general sobre una ideología de la felicidad equivocada.

Lo qué debemos tener presentes es tener conciencia de quienes somos. Somos seres vulnerables. Seremos felices en cada momento, dependiendo de nuestro modo de valorar nuestro mundo y nuestro entorno. Y en ocasiones estaremos en presencia del malestar y tendremos que vivir con ello. La psicología clínica nos enseñará actitudes, estrategias y técnicas para hacerle frente. Vivir sumidos en depresión, ansiedad o sufriendo trastornos psicológicos diversos no es una opción; podemos vivir más profundamente vidas razonablemente felices.

En mi opinión, la felicidad consiste en sentirnos plenamente vivos. La felicidad en la práctica es tener conciencia de quienes somos y sentirnos satisfechos pese a vernos a menudo sumidos en la incongruencia; es establecer un propósito en nuestra existencia y trabajar por conseguirlo; la felicidad es vivir cada instante como si fuera el último, extraer lecciones valiosas de cada acontecimiento; es disfrutar con cada nuevo aspecto de nuestro entorno vital. La felicidad es sentirnos estimulados física, social e intelectualmente; felicidad es alejarnos de todo lo que estropea nuestra capacidad de ser feliz (las adicciones, la delincuencia, la corrupción, la violencia, etc.). Felicidad es también, y sobre todo, creatividad.

Comentemos un par de factores importantes en esto de construir felicidad (aparte de muchos recursos y consejos habituales) y ya retomaremos el tema en otra ocasión porque me gusta no escribir  posts excesivamente densos.

Un estudio publicado en el Journal of Epidemiology & Community Health http://jech.bmj.com/ determinó, a partir del análisis de cuestionarios respondidos por 51000 noruegos, que asistir y participar a actividades culturales producía satisfacción, bienestar y lo más importante, que las personas que asistían a estos eventos eran menos propensos a la ansiedad y la depresión. Y estudios similares han conducido a resultados también similares.

En mi opinión, cualquier actividad reforzante (agradable) que rompa con la dura rutina de cada día repercutirá positivamente en nuestra salud e incrementará nuestra capacidad de sentirnos más felices. Así que, te aconsejo que potencies tu vinculación con actividades culturales. Un consejo también muy importante, sin duda alguna, es que te mantengas plenamente activo. La pasividad es enemiga de lo bueno.

Otro ejercicio muy saludable y de importancia a la hora de fortalecer nuestro sentimiento de felicidad cotidiano es la risa. Aristóteles ya decía que “la risa es un ejercicio corporal valioso para la salud”. ¿Se acuerdan ustedes del libro “El nombre de la Rosa” y la equivocada valoración religiosa de reír  por uno de sus personajes?. Pues ahí lo tenemos…

Al parecer, gracias a la risa se liberan sustancias bioquímicas, como la dopamina y la adrenalina que influencian positivamente nuestro estado de ánimo e incrementan nuestra creatividad. La risa es la contraparte de la depresión y la tristeza, mejora nuestra autoestima y alivia el insomnio.  Además, se ha demostrado que refuerza también el sistema inmunológico. En definitiva, y a juicio de muchos investigadores, facilita respuestas fisiológicas, psicológicas y espirituales.

Recordad, de cara a vuestra felicidad, lo que dice un proverbio chino: “para estar sano hay que reirse al menos 30 veces al día”. Tomad buena nota.

Alberto Bermejo

Psicólogo clínico

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La experiencia de fluir (Flow)

La experiencia de fluir (Flow)

Algunos basan su vida en la búsqueda del placer, que con frecuencia confunden con ser felices. Realmente, los placeres entendidos en el sentido material duran bien poco. El verdadero sentimiento de felicidad radica en nuestro interior. Y está más vinculado a la noción de disfrute.  Es inútil buscar fuera fuentes de placer, en objetos ni en sustancias externas. Sí, acaso, reorientar la felicidad desde las experiencias que podemos sentir en nuestra vida. El disfrute está conectado con nuestra capacidad para concentrarnos en algo conscientemente y tener pleno control sobre nuestra atención, enfocando nuestra mente hacia lo que hacemos en cada momento.

En otras ocasiones he abordado la experiencia de vida interior para abrazar algo que puede parecerse a la felicidad, o la entronización de nuestros valores como jalones de una óptima experiencia vital. La mayor experiencia de felicidad radica en nuestra propia mente, disfrutando en cuerpo y alma de todo lo que hacemos cada día. En este post quiero mostrarte el estado opuesto de la condición de entropía psíquica, la experiencia óptima, la experiencia de fluir. ¡Y no estamos hablando del condensador de fluzo, el núcleo central que hacía funcionar el DeLorean de la película Regreso al Futuro! Aunque es una bonita metáfora de todas las capacidades y el fantástico potencial de nuestra mente, en formato fílmico.

Hablamos de un estado de flujo de conciencia óptimo, vital, donde todo lo que hacemos añade orden a nuestro sentir consciente, sintiéndonos bien, creativos y activos. ¡Como en esos dibujos de los tebeos en los que el dibujante reflejaba encima del personaje una bombilla encendida!. Quien mejor ha descrito esta experiencia ha sido Mihaly Csikszentmihalyi, en su libro “Flow” (Fluir)

Fijémonos en las personas que nos comentan experiencias de goce extremo, casi extático; producidas por la escucha de una obra musical, la lectura de un libro inspirador, el descubrimiento de un paisaje o un sentimiento espontáneo de bienestar. Estas experiencias están relacionadas con una concentración especial, un desafío, con habilidades y consecución de metas, autocontrol, la apertura a los demás, el alejamiento de las preocupaciones  y con la validación de expectativas positivas en la vida y retroalimentación positiva de nuestra propia conducta. Esa búsqueda de flujo personal en lo que hacemos y en lo que experimentamos puede ayudarnos a encontrar las respuestas que buscamos, nos ayudará a sentirnos mejores.

Abraham Maslow, uno de los más importantes psicólogos del siglo XX elaboró una teoría de personalidad alrededor del concepto de autorrealización, y de las necesidades internas, morales, entroncadas con la búsqueda de un significado personal. Una de sus frases, que me han inspirado a menudo: “… Podemos orientarnos hacia la defensa, la seguridad o el miedo. Pero, en el lado opuesto, está la opción de crecimiento. Elegir el crecimiento en lugar del miedo doce veces  al día, significa avanzar doce veces al día hacia la autorrealización…”. Se trata de dejarnos absorber por esa experiencia óptima transformadora, ser uno con lo que hacemos en cada momento; que podemos llamar también experiencia autotélica (del griego “auto” que significa en sí mismo y “telos” que significa finalidad) 

Es francamente importante por otra parte dedicar nuestro tiempo en actividades que verdaderamente disfrutemos y nos llenen, que nos hagan sentir bien, aparte de aquellas otras indispensables en la vida que no siempre nos llenan tanto…

Alberto Bermejo

Psicólogo clínico

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Psicofármacos, antidepresivos, depresión y sexo

Psicofármacos, antidepresivos, depresión y sexo

Un dato objetivo: de acuerdo con cifras contrastadas internacionalmente una de cada tres personas puede contraer al menos un episodio depresivo a lo largo de su vida. Y en España la realidad es que las personas que padecen depresión acuden a un médico psiquiatra y no a un psicólogo clínico, saliendo de su consulta con una receta de un ISRS (Inhibidor selectivo de la captación de serotonina), los fármacos antidepresivos más recetados. Estos fármacos producen cambios en la función serotoninérgica en determinadas vías cerebrales, precipitando un incremento de la serotonina disponible para el cerebro. El nivel de serotonina, según estudios neurobiológicos, también se ha encontrado asociado a trastornos relacionados con la adicción y con otros problemas de salud mental, de ahí que incluso en trastornos de ansiedad (como en en trastorno obsesivo-compulsivo), en trastornos adictivos e incluso en trastornos de personalidad la medicina ha sugerido incorporar antidepresivos en la rutina psicofarmacológica ofrecida a estos pacientes.

Querría dejar aquí bien patente mi desacuerdo en que para cualquier trastorno de salud mental (trastornos que en su mayor parte son trastornos adaptativos, es decir, relacionados con nuestra manera de relacionarnos con los demás, con nosotros mismos y con el mundo, sin ser graves) el paciente termine llevándose a la garganta los mentados antidepresivos. Estimo que  en un trastorno considerado leve o moderado deberían introducirse estrategias de autocontrol o terapias cognitivo-conductuales dirigidas por psicólogos clínicos; es decir herramientas psicológicas, antes de incluir prescripciones psicofarmacológicas; o en cualquier caso una terapia mixta psicomédica que incluya psicoterapia. Toda vez que la psicología ofrece soluciones eficaces y eficientes para todos estos trastornos.

Pues bien, estos fármacos antidepresivos (como el archifamoso PROZAC, que hace unos años despertó un interés inusitado en EEUU, hasta el punto que llegó a denominarse la “droga de la felicidad”) presentan efectos secundarios en la función sexual de hombres y mujeres en buena parte de sus consumidores.  Es el gran problema.  Un incremento de la serotonina interfiere claramente en las relaciones sexuales de hombres y mujeres, incluso inhibiendo el deseo sexual

La interferencia sexual se produce porque el incremento de serotonina induce cambios psicofisiológicos que afectan a los sistemas simpático y parasimpático del sistema nervioso autónomo, implicados en la sexualidad, en los que no nos vamos a detener ahora.

Si usted debe tomar antidepresivos por prescripción médica  (tampoco nos olvidemos, un paciente con depresión clínica no desea frecuentes relaciones sexuales) y quiere mantenerse sexualmente activo debe plantear a su médico una reducción de la dosis del medicamento o su asociación con otro psicofármaco que le pueda ayudar en las relaciones sexuales; o incluso suspender la toma de la medicación durante pequeños períodos, pero siempre manteniendo las dosis clínicamente necesarias.

Se han detectado en algunos casos abandonos de medicación por su interferencia en la sexualidad del paciente. Hay que evitarlo.

Para no ser completamente negativos podemos acabar con una buena noticia. Y es que desde hace unos años contamos con un antidepresivo ISRS cuya interferencia en la vida sexual de los pacientes es muy reducida.

Alberto Bermejo

Psicólogo clínico

Gabinete de Psicología Eidos (Alicante)

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eidos@psicologos.eu

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